> El Show presidencial Por el Dr. Carlos Guillermo Llabrés

Hoy la Presidente de la República ocupa el centro de los comentarios periodísticos. Dos de los medios de comunicación, La Nación, Pablo Mendelevich, Sección Enfoques “Del atril al Escenario” y Nicolás Diana y Diego Leuco en Noticias: “Cristina Show”, le dedican extensos comentarios junto con artículos de Claudio Jacquelin, Francisco Seminario y Enrique Valiente Noailles.

Múltiples especialistas en Comunicación efectúan sus aportes en estos artículos. Su repetida e insistente aparición en televisión, cadena Nacional reservada para trascendentes noticias a todo el país, es una novedad preocupante. Las características del contenido y forma también son inéditas en nuestro medio. Las máximas autoridades anteriores a la presidente las utilizaban de otra manera. Solo para grandes anuncios.

Por pedido del Presidente Ejecutivo de la Academia Privada de Oratoria Contemporánea, Norberto Malatesta, intento hacer un resumen y lectura de la actualidad periodística.

Muchos políticos se proponen un intenso uso de los medios de comunicación televisivos, muy pocos lo logran. La TV tiene precio: caro, muy caro. Se necesita personal técnico, guionistas, asistentes, supervisor general, director de Difusión y Sistema, son 150 empleados estatales que el gobierno utiliza con los recursos de “todos y todas”: nosotros los contribuyentes al erario público. La producción y el manejo de cámaras, sonido, monitores, pantallas de LCD, con tecnología de alta gama, donde la señora no admite fallas, tienen alto costo. Se le otorgó a la productora La Corte, también pagada por el Estado Nacional. La dedicación y adecuación a esta tarea lleva un tiempo extendido, excluyente, también para la oradora.

El tiempo en el aire se mide en pesos. Ocupar ese tiempo de los canales de aire y cable les hace resignar pautas comerciales. Por la extensión y el horario preferencial en que se emite la cadena Nacional el cálculo total de las pérdidas es de $102.86 millones. Hasta hoy.

Como se trata de un show televisivo se debe medir su eficacia. El rating de los 10 discursos más vistos este año es de 20.8 a 30.7, comparables con el programa más exitoso del “show business” (Tinelli). El programa estandarte de la política oficial: “6, 7, 8” mide 3.0 puntos. “Duro de domar”: 3.4 y Víctor Hugo Morales:”Bajada de línea” 2.3 puntos. Explicación clara de la necesidad del show de la señora Presidenta para “copar el discurso, la agenda y hablar sin intermediarios” según la visión del Secretario Legal y Técnico. Si no “nadie se enteraría de las cosas”. Como no la van a aplaudir incondicionalmente y asentir con gestos de su cabeza los cientos de miles de anónimos e ignorados ministros, secretarios, asesores, senadores, diputados, gobernadores, intendentes, empleados estatales de distintas jerarquías, seguidores de La Cámpora, Madres y Abuelas, y asociaciones remotas pero poderosas tipo Tupac Amaru, que la señora arrastra y dirige con la popularidad de su show y con los dineros concurrentes para mantener esta situación.

¿Quién puede generar votos: 6, 7, 8; Duro de Domar; Bajada de línea; o modificar la realidad de la economía, la pobreza, desocupación, deserción escolar, falta de contenidos éticos, la inseguridad, inflación galopante?

A la hora de las dádivas y reparto de apoyo económico, planes y demás, para los que viven de una sola fuente ¿a quién recurrir, como obtenerlo? “Ella es la única estrella del Gobierno”. Es una cuestión de subsistencia para esos grupos que sólo una imprescindible re-reelección puede mantener. No visualizan otro modo. ¿Qué grupo político, empresarial o gremial dispone de ese dinero para volcarlo permanentemente a su campaña electoral? ¿Qué orador capacitado con liderazgo cierto se colocaría en el show o aún en el modesto atril y por cuanto tiempo? ¿Algún político o gremialista tiene la absurda idea de ocupar en algún momento su lugar? ¿Scioli, Moyano, Macri, Carrió, Alfonsín?

Todos pueden aprender a hablar en público. La oratoria es muy receptiva. Una de las características esenciales de los integrantes de la especie humana, es que somos seres sociales por naturaleza. Para mantener las funciones de encuentro y agrupamiento se han creado herramientas prodigiosas: la Gráfica o Escritura, el Lenguaje (lo fonético, sonidos articulados, el idioma) y la Corporalidad (actitudes, movimientos, posturas, miradas, sonrisas, gestos y ademanes, mímica). Forma de trasmitir nuestros pensamientos, deseos y sentimientos. La intención comunicativa es muy amplia y se vincula con la situación en la que se exprese el discurso. Se puede emplear sólo con intención comunicativa, convencer, persuadir, entretener, argumentar, llevar a la acción, fijar o corregir conceptos, agradecer, alabar. Hay formas oratorias sociales, políticas, religiosas, científicas, técnicas según objetivo y situación. Todas se pueden aprender, requieren dedicación, actualización, entrenamiento y ensayos continuos para ser un BUEN orador.

La comunicación lingüística es el motor de las relaciones interpersonales, sociales y económicas. El dominio de la palabra, favorecido por el desarrollo tecnológico y el diseño, es un arma poderosa. Su utilización a nivel competitivo se logra con el aprendizaje. La correcta pronunciación y articulación, sintaxis cuidada, riqueza léxica, fluidez, manejo de tonos, silencios, límites de tiempo y variación de velocidad son sus elementos básicos.

La claridad de contenido y la conexión de ideas como componente didáctico, muestran al orador como experto y facilitan la comprensión inmediata de lo hablado. La comunicación televisiva de la señora Presidenta muestra vocabulario amplio y variado, con escaso conocimiento de la importancia del límite de tiempo. Incontrolada verborragia. El contenido, léxico e intención de algunas expresiones, son de llamativo mal gusto, (“vos le llenas el pomo a Gianina…”) no coincidiendo con el ámbito de su formación académica universitaria tantas veces proclamada.

En otras, trata de captar con vulgarismo a un grupo de población que alaba y festeja la llamada “viveza criolla”: “¿Qué tomaste? ¿Vivarachol? Vas a ser el primero en la fila para pesificar, y con bonete”. Dirigiéndose a un senador e importante figura del gabinete. Descalificante aun para sus más cercanos secuaces. No hay amigos, solo conocidos, sin quejas ante el mal trato. Ni jerarquías duraderas.

En el caso de la señora Presidenta se cuenta además con su elevada autoestima, pareciera creer poseer asombrosas y variadas cualidades intelectuales que le facilitan su capacidad comunicativa. Para todo auditorio y situación. Expone doctoralmente verdades indiscutibles, obvias. Sin réplica, monólogos. Ha evolucionado desde sus discursos como una senadora más en el Congreso. Le agregó ingenio a su cualidad destacada: NO LEE, sus discursos son presenciales, (verbales y con su corporalidad). Cumple con lo estudiado por Whistel: Lo Verbal es el 35% y lo Corporal/Gestual el 65% en la Comunicación cara a cara. No leer, ni siquiera tiene apoyos visuales, lo cual le permite amplio y permanente campo visual, abarcativo, para comunicarse con la audiencia en forma permanente, sin cortes. Habla con el público, no con un papel. Es bien recepcionado a nivel no consciente, le otorga la jerarquía que debe tener el auditorio.

Los gestos son secuencias de posturas y movimientos cuyo objeto es enviar un mensaje, con claro contenido, para ser captado y comprendido por el receptor. Los que acompañan a un orador son siempre muy personales. Con el transcurso del tiempo se han hecho casi automáticos. No siempre tenemos noción de cuándo ni cómo los hacemos. Manos y brazos, combinados son los más comunes. La comunicación televisiva presidencial es rica en aportes. Recordemos que el objetivo del gesto es enviar UN mensaje, cuando se hace continuo, permanente pierde su fin, es gesticulación. Inoperante. Falla habitual del mensaje presidencial. En algunas ocasiones muestra señales “batuta”, que marcan el compás de las expresiones verbales, repetitivas y cansadoras para la audiencia. Sus constantes y repetidos arreglos del cabello, con movimientos compulsivos, distraen a la audiencia. El manierismo de retorcer micrófonos (hoy más atemperado) en su momento por la insistencia, llegó a bordear lo ridículo.

La desinhibición gestual de la señora Presidenta en televisión, creo que se pudo visualizar al asumir su última presidencia. Bailó ante cámaras con los cánticos de La Cámpora, junto a su núcleo familiar sobre el estrado. Desenvuelta, natural, sin tensiones, sonriente, en el trayecto de la Casa de Gobierno al Congreso. En ese lugar ante un equívoco protocolar mostró su capacidad adaptativa con soltura y serenidad. En Angola tuvo una práctica actoral muy comentada. Aleteó como un pollo, no se privó de hacer con mímica el ordeñe de una vaca y luego bailó en público con las congolesas. Con buen ritmo. El histrionismo es propio, no copia a nadie, indica juventud por el dinamismo cambiante. No teme a las cámaras, desenfadada solo castiga los micrófonos. Se adecua con facilidad, naturalmente, sin pudor en sus gestos, miradas y mímicas. Logra negociar y hasta convencer a través de miradas y sonrisas cómplices, sobradoras, en medio de silencios verbales, mientras maneja solo la corporalidad, intentando lograr la aceptación o el acuerdo en el público especial al cual está dirigido. Solo a ellos, otros auditorios quedan espantados, con marcado rechazo.

Es un precio a la masividad. La teatralización con exceso gestual, como recurso de actuación, produce empatía o rechazo. La técnica que emplea la señora Presidenta últimamente es de show unipersonal, monólogo sin réplica, ni preguntas. El registro es coloquial, paternalista, absoluto. La pluralidad de voces gubernamentales es casi inexistente. Ningún jerarca ministerial, nacional o provincial puede opinar sin la expresa autorización presidencial. Solo pueden asentir con su cabeza y aplaudir sus dichos ante una cámara de televisión. Opinar públicamente es penado de inmediato con descalificación y persecución. Obedecer es la consigna de oro ante su imagen de incansable y solitaria gladiadora. Ella señala enemigos y los destruye verbalmente. Sus órdenes se deben cumplir inmediatamente, aunque parezcan irracionales (expropiaciones, pesificación absoluta) sin medir legalidad o consecuencias. Nada intelectual, obsecuencia total para la subsistencia del “sistema”.

Cada presentación pública, por la Red Nacional de la señora tiene clásicamente tres momentos: 1) El anuncio de una medida. 2) Agresión a opositor/enemigo. 3) Final de tono épico, tipo arenga.

1) Presentación de argumentos, datos y cifras memorizadas. Irrefutable. Dinero a borbotones a través de préstamos para la vivienda (inexistentes en la práctica). Inauguración de establecimientos educacionales (inaugurados anteriormente, esta vez con renovación de pintura). Por la forma de monólogo, sin réplicas ni preguntas, anula la posibilidad de interpretar toda la realidad que nos rodea.

2) Descalificación de adversario visualizado como enemigo. Tergiversación o invento de expresiones nunca dichas o adjudicación de intenciones imaginarias.

3) Arenga por la persona que todo lo sabe y todo lo puede. Irremplazable. Desenlace final con busca de adhesión del auditorio por la excelencia de lo informado.

El objetivo de este tipo de comunicación es entretener a la audiencia con un presente continuo. Sin contacto con la realidad que lo circunda: el hambre, la pobreza, la inseguridad, la inflación, la deserción escolar con paradojas notables, los alumnos van primordialmente a comer (por lo menos una comida diaria), cursar un aprendizaje, solo si los maestros no están ausentes por reclamos salariales continuos. La otra paradoja es la infiltración política llevadas a cabo por un grupo a fin del Gobierno (La Cámpora) cuyos integrantes cobran salarios muy superiores a los del magisterio. Del futuro incierto y de la precariedad de la vivienda y los asentamientos urbanos no se habla, no son temas desarrollados por televisión ni teleconferencias.

Es un mundo ideal y un momento destacado el que nos toca disfrutar, según estos shows. Somos unos privilegiados. Gracias por la información señora Presidenta.


© 2011 - APOC - Academia Privada de Oratoria Contemporánea - info@apocoratoria.com.ar